seis y media,
el cielo se divide—
amarillo pálido
donde cae el sol,
azul
sobre mi cabeza.
El parque
más verde de la ciudad,
pinos altos
que nunca pierden sus agujas,
un sicomoro
que guarda su corteza.
Y esta lila,
sola entre tanto
permanente,
sin hojas,
llena de semillas—
café-amarillo,
agrupadas en la copa
donde no puedo alcanzarlas.
La lila de mi abuela
era el centro de su patio.
Después que murió,
alguien dijo que traía mala suerte.
La cortaron.
No recuerdo cuándo dejé
de ver lilas.
Hasta hace poco—
Tomé una semilla del suelo,
la traje en mi bolsillo
como cuando era niño.
Ahora estoy
bajo este árbol
sin hojas,
en el parque más verde,
mirando
lo que no puedo tocar.
La bolita sigue en mi bolsillo—
pequeña,
seca,
imposible de perder.