Medio día—
un día despejado
y casi cálido de invierno.
A la sombra de un encino
está arraigado un agave.
Verde pálido al sol,
verde oscuro en la sombra—
rayas amarillas, espinas
a lo largo de sus pencas.
Tan alto como yo,
rodeado de pasto seco
y árboles sin cuidar,
en un parque vacío,
en el silencio de la tarde temprana.
Me acerco sin cuidado—
las espinas me cortan.
En este parque descuidado
todo parece marchitarse,
pero el agave permanece.
Sus pencas marcadas por años,
sus raíces más profundas
que el pasto seco a su alrededor—
tan antiguo como el encino
que le da su sombra.