Hojas de moro
contra el cielo de cobre—
cada una demasiado brillante,
girando

Zumbido estático
donde debería haber silencio
eléctrico, incesante

Reclinado en el asiento del carro
mandíbula apretada
conteniendo
lo que quiere subir

El sabor a metal
se extiende

La única palabra
que queda:
dolor