
En una esquina, un café a la orilla de la calle, bajo luces amarillas, paredes de tripla ladrillo blanco falso. Frente a la silla verde olivo se encuentra: popote de vidrio, vaso lleno de hielo gélido al tacto. El sabor del té se ha perdido en el color crema de la leche de avena. Lavanda y vainilla de frente, imperdibles, se posan a los lados de la lengua mientras el Earl Grey se esconde al fondo del paladar.