
Siempre viéndote arriba en las azoteas, en las luces, siguiéndote por el parque. Al llegar y salir cantas, me anuncias. Aunque solo de lejos me dejas observarte. Maestros del canto, de ese plumaje azulado, peleando por el territorio y los suyos. En casa contigo— envergadura de 30 centímetros, ojos negros velando por el barrio.